Actúa ya
Arresto
El 21 de mayo del 2008 a las 6 de la mañana, unidades especiales de la policía austríaca arremetieron contra 23 oficinas y viviendas privadas. Policías enmascarados echaron abajo las puertas y rodearon las camas de los activistas, a los que se aterrorizó encañonándoles con armas en mitad del sueño. 10 activistas con años de actividad en la defensa de los animales fueron puestos en prisión preventiva. El Ministerio del Interior publicó que habían arrestado a un grupo criminal responsable de numerosos casos de daños a la propiedad, ataques con gas y amenazas de bomba.
Pero a los activistas prisioneros no se les permitió saber qué era lo que exactamente se suponía que habían hecho. El acceso a los escritos de acusación estaba simplemente bloqueado. Algunos de los prisioneros iniciaron una huelga de hambre para conocer cuáles eran las acusaciones y exigir su inmediata liberación. Las protestas en Austria y otros países se fueron extendiendo. Críticas muy fuertes llegaron de Amnistía Internacional, el Partido Verde Austríaco y algunos políticos socialdemócratas. Reconocidas personalidades, como por ejemplo el Premio Nóbel de la Paz Elfriede Jelinek, escribieron cartas de protesta. Varias manifestaciones fueron realizadas frente a las embajadas austríacas del mundo.
Cuando finalmente se hicieron públicas algunas partes del sumario, los activistas y sus abogados insistieron en que los documentos no contenían ninguna evidencia de conducta delictiva, sino que era solo una lista de actividades completamente normales de ONGs, como organización de manifestaciones o conferencias públicas. El estado se negó a responder a estas serias acusaciones, alegando que la investigación estaba en curso y la supuesta independencia del poder judicial. Uno de los prisioneros, Martin Balluch, doctor y asistente de ciencias en la Universidad de Cambridge, continuó su huelga de hambre durante un admirable periodo de 39 días.
“El día 36 llegué a un punto muy bajo donde tuve experiencias cercanas a la muerte. Tuve la fuerte impresión de que levitaba en un completo vacío. Estaba a punto de caer. Visualizaba mi situación como que estaba hasta el cuello dentro de una grieta, parado sobre un hielo tan delgado que no podría resistir mi peso por mucho tiempo más. Ya no podía salir por mí mismo.” Martin Balluch en una carta desde prisión.
Los activistas fueron forzados a estar en condiciones que no correspondían al principio de presunción de inocencia. Se los encerraba 23 horas al día en celdas pequeñas, sólo se les permitía una hora de paseo al día en un patio de concreto. Podían ducharse o recibir visitas solo dos veces a la semana y se les negó el contacto físico con sus seres queridos, únicamente podían hablar con ellos 30 minutos a través de un cristal. No es sorprendente que la única ayuda para algunos de los prisioneros fuera la ingestión de antidepresivos.